Cuando el remedio es peor que la enfermedad

En esta durísima crisis que estamos sufriendo del COVID-19, en la que nos han dejado tantos y tantos seres cercanos, entre familiares y amigos, donde los más débiles han sufrido las peores consecuencias, algo debemos de haber aprendido, a la vez que tenemos la obligación de enseñar a las próximas generaciones.

La crisis, empezando por la sanitaria, económica y social, ha sido, y lo podemos constatar, gestionada por personas que poco o nada tenían que ver con las tipologías comentadas, y que intentaban realizar de la mejor manera posible su tarea de “salvamento“, en primer lugar de la población y seguidamente de la economía (empresas, autónomos, comercios, …), no deja lugar a dudas que se podría haber hecho infinitamente mejor.

Atenuantes de que era la primera vez y el desconocimiento que se tenía del coronavirus sólo hacia reforzar la máxima de que en cualquier situación y mas cuando se trata de alto riesgo y con urgencia, siempre debemos poner en el primer nivel a personas de relevante prestigio, conocimiento y experiencia, de nada valen las voluntades, que evidentemente se agradecen, pero que mejor en un segundo plano.

Rodearse siempre de los mejores, así como, dar un paso atrás en determinadas situaciones son elementos clave en el éxito de cualquier proyecto. Esta lección debe permanecer en nuestras retinas a lo largo de los tiempos y transmitirlo a nuestros hijo@s de la manera más natural sin el deseo codicioso de aferrarse a una silla o un puesto de dirección.

En las empresas, como en la vida real, cuando necesitamos a algún especialista o profesional para una tarea o actividad, recurrimos a profesionales que seguro con su experiencia y conocimiento lo harán mejor y probablemente con menor tiempo, mientras tanto seguiremos con nuestra labor diaria principal. Un especialista no tan sólo me refiero a un mecánico, pintor o informático, me refiero también a un especialista en Gestión y Dirección de empresas a quien debemos confiar nuestro timón durante un determinado tiempo (o cederlo) para enderezar el rumbo y seguir hacia el objetivo deseado. La imparcialidad y profesionalidad que nos aporta este tipo de profesional permitirá salvar a muchas empresas y enderezar su trayectoria para dejarla mejor posicionada para alcanzar nuevos objetivos.

El resultado es salvar empresas, mantener puestos de trabajo y por supuesto reducir lo efectos de las crisis en la economía, minimizando situaciones de stress y mejorando en consecuencia la salud de las personas, ya que de valientes e ignorantes está el cementerio lleno y las colas del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) son más largas cada día.

Como muy bien hemos podido comprobar la anticipación a los acontecimientos es factor clave para la consecución de los objetivos. Visualicemos nuestras metas y diseñemos un plan. No lo dejemos en manos de terceros, nunca se sabe donde nos llevarán.

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Publicado en Estrategia, Liderazgo

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